Las resistencias del paciente en la psicoterapia existencial humanista: un enfoque desde la teoría de James Bugental

Elaborado por: Daniela Pinto Ramírez (Voluntaria de dando+)

En el proceso de psicoterapia, según la orientación del terapeuta, los objetivos para cumplir en terapia son distintos, así como los métodos para cumplirlos. En tal sentido, en la psicoterapia humanista existencial, el objetivo es proporcionar acceso al mundo interior del cliente, para potenciar el crecimiento saludable y desarrollar su autonomía (Harner, 2005). Bugental (1978, citado en Harner 2005) piensa que, en dicho proceso terapéutico, cliente y terapeuta persiguen su objetivo mutuo, que está inmerso en la presencia y la comunicación. 

Es por ello que los terapeutas deben centrar su atención en el proceso, en lugar de en el contenido expresado (Wyatt, Yalom y Seid, 2008). Es decir, no solo se analiza el contenido explícito expuesto en la comunicación verbal, sino también lo que la comunicación no verbal nos expresa, como el lenguaje corporal, la entonación de la voz, el grado de presencia o compromiso del cliente, y cualquier otra manifestación de resistencia del cliente. 

La terapia humanista está atenta a ambos lenguajes (Rosso y Lebl, 2006), y es ahí donde se observan las resistencias, vistas como incongruencias. Sin embargo, esta resistencia no es hacia la terapia misma, sino más bien hacia estar completamente presentes consigo mismos y con el mundo en general (Wyatt et al., 2008). Así, Bugental acuñó la frase self-and-world-construct para describir el patrón de resistencias que cada uno desarrolla, y lo compara con un traje espacial. Este, en el espacio exterior, permite sobrevivir; sin embargo, es limitante. En el mundo social se necesita también de esta protección. Así, estas resistencias tienen el potencial de ayudarnos; no obstante, también de obstaculizarnos (Himelstein, 2013). Por ejemplo, si es que se suele reaccionar frente a la ansiedad con humor, en ciertas situaciones beneficiará a la persona, protegiendo su ego. Sin embargo, puede haber momentos donde la ansiedad es extremadamente fuerte y donde la resistencia lo estaría bloqueando de un sentimiento auténtico con el que se podría trabajar.

Una persona se perturba cuando su autoconcepto y su yo organísmico están en conflicto, y este conflicto puede intensificarse cuando el individuo busca preservar y consolidar este autoconcepto irreal para fortalecer su propia sensación de seguridad (Schneider y Krug, 2010, citado en Schneider, Pierson y Bugental, 2014), con el objetivo de evitar la crítica y el rechazo (Rosso y Lebl, 2006). Así, los patrones de resistencia son mecanismos de defensa útiles que protegen al ego

Es por ello que, bajo este enfoque existencial humanista, las resistencias no se patologizan ni se señalan como obstrucción del progreso del cliente, sino que se reconocen como sistemas en los que puede haber crecimiento e insight (Himelstein, 2013), puesto que son los patrones que han desarrollado los pacientes para buscar satisfacciones y evitar daños; además, pueden ser las expectativas de cómo deberían ser sus vidas (Bugental y Bugental, 1984). Adicionalmente, las resistencias son la forma en que el paciente expresa sus dificultades, que son fundamentales para descubrir la razón por las que están yendo a terapia (Bugental y Bugental, 1984; Krug, 2009).  Estas resistencias, serían una manera del cliente para enviar implícita o explícitamente el mensaje de no estar alineado con el estado actual de la terapia (Himelstein, 2013). Por otro lado, al observar estas resistencias se puede ver que, de esta forma, el paciente hace posible su forma de ser en el mundo, y es por ello que forman parte de su propio autoconcepto (Bugental y Bugental, 1984). Es por esta razón que, cuando surge una resistencia, nace también una gran oportunidad de ahondar en el presente de la relación terapeuta-cliente (Himelstein, 2013), pudiéndose aumentar la autoconciencia auténtica.

Por lo tanto, es esencial respetar esa manera de comunicarse, y darle la importancia debida, aceptando lo apropiado de esta defensa y uniéndose uno mismo al cliente, para tratar de entender exactamente qué se está amenazando (Bugental y Bugental, 1984). Entonces, estas deberían ser reflejadas suave y persistentemente al cliente, siempre atentos a las incongruencias entre el proceso y el contenido (Wyatt et al., 2008).  Por ejemplo, cuando el paciente está contando un trágico suceso con una voz sonriente, el terapeuta deberá resaltar esta incongruencia, con el objetivo de ayudar a los clientes a aumentar su autoconocimiento, incluido los patrones y hábitos restrictivos, para que puedan vivir su vida de manera más plena, en vez de andar en un continuo piloto automático (Wyatt et al., 2008). 

El reflejo podría ser una forma de abordar las resistencias del cliente, puesto que trabaja con sentimientos subyacentes no claramente expresados, evitando el campo valorativo (Mariscal, 2004, citado en Rosso y Lebl, 2006). A medida que se ayuda al paciente a darse cuenta de cómo no están plenamente presentes en el momento, no solo se ayuda a que estén más conscientes en el esfuerzo terapéutico, sino que se está señalando la dirección en la que reside su libertad para avanzar hacia un ser íntegro (Bugental y Sapienza, 1992).

Cuando el cliente empieza a estar consciente de lo que está sucediendo internamente en el momento presente y lo expresa, se puede decir que existe compromiso con su propio proceso, estando disponibles para ellos mismos (Schneider et al., 2014). Este proceso, autónomo y autodirigido, debe ser reforzado por el terapeuta para que el cliente pueda continuar desarrollándose. Así, se estaría recuperando la sensación de ser, logrando integridad interna (Krug, 2009).

En conclusión, ayudar al paciente a comprender sus propias resistencias para poder sobrellevarlas es importante, puesto que, a medida que va aumentando su capacidad de observar lo que sucede dentro de él, adquiere la capacidad de aceptar sentimientos que antes había negado. Asimismo, descubre que el terapeuta manifiesta un respeto positivo e incondicional hacia él (Rosso y Lebl, 2006).

En la vida necesitamos cierta continuidad e integridad en nuestro actuar y pensar, para evitar conflictos que, consciente o inconscientemente, podrían estar obstaculizando la consecución de nuestros objetivos.  Las personas tenemos la capacidad de elegir y somos capaces de actuar o de no actuar (Quitmann, 1989); por lo tanto, podemos elegir ser una persona menos dividida, con un comportamiento más consistente.

Referencias:

Bugental, J.F. y Bugental, E. K. (1984). A fate worse than death: The fear of changing. Psychotherapy: Theory, Research, Practice, Training. 21(4), 543.

Bugental, J.F.T., y Sapienza, B.G. (1992). The three R’s for humanistic psychology: Remembering, reconciling, reuniting. The Humanistic Psychologist, 20(2-3), 273-284. http://dx.doi.org/10.1080/08873267.1992.9986795

Harner, S. (2005) Presence in existential-humanistic psychotherapy and in the shamanic journey. http://www.human-studies.com/pdf/presence.pdf 

Himelstein, S. (2013). A mindfulness-based approach to working with high-risk adolescents. Routledge.

Krug, O. T. (2009). James Bugental and Irvin Yalom: Two masters of existential therapy cultivate presence in the therapeutic encounter. Journal of Humanistic Psychology49(3), 329-354.

Quitmann, H. (1989). Psicología Humanística: Conceptos fundamentales y trasfondo filosófico. Barcelona: Herder

Rosso, M. A. y Lebl, B. (2006). Terapia humanista existencial fenomenológica: estudio de caso. Ajayu. Órgano de Difusión Científica del Departamento de Psicología de la Universidad Católica Boliviana” San Pablo”4(1).

Schneider, K. J., Pierson, J. F. y Bugental, J. F. (Eds.). (2014). The handbook of humanistic psychology: Theory, research, and practice. Sage Publications.

Wyatt, R., Yalom, V. y Seid, E. (2008). Existential-Humanistic therapy with James Bugental, PHD. http://www.psychotherapy.net/data/uploads/51127aac65793.pdf

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