Consecuencias del uso de violencia física en niños y niñas

Elaborado por: Valeria Brambilla y Sofía de la Cruz (Voluntarias de dando+)

La violencia hacia los niños y niñas en nuestro país es un gran problema, sobre todo porque está normalizada a nivel social. Esta es considerada una práctica válida para corregir, controlar o mostrar poder sobre los menores. Por ello, los padres y cuidadores ejercen violencia sin ser cuestionados, ya que la vinculan a una demostración de cuidado y protección hacia los menores. Estas falsas creencias se han transmitido y perpetuado de generación en generación, pues las personas que han sido víctimas de violencia están más propensas a ejercer violencia más adelante en sus vidas. Como consecuencia, las cifras de maltrato infantil a nivel nacional resultan alarmantes, siendo que un 80% de niños, niñas y adolescentes han sido alguna vez víctimas de agresiones físicas y/o psicológicas en sus hogares y/o escuelas según el Instituto Nacional de  Estadística e Informática  (INEI, 2013, 2015).

La violencia infantil se presenta cuando uno de los integrantes de la familia incurre, de manera deliberada, en maltratos a nivel físico o psicológico hacia un menor (Stanford Children’s Health, 2020). Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, en el Perú, el uso de la violencia como práctica de crianza está extendida y es aceptada; y los niños y niñas son víctimas dentro de sus hogares, lugar que debería ser un espacio de protección, afecto y resguardo de sus derechos (CEPAL, 2009).

El análisis de las estadísticas sobre la violencia familiar hacia niños en Perú realizadas por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, señalan que las agresiones provienen en mayor proporción por parte de las madres, debido a que socialmente se les otorga mayor responsabilidad en la crianza de los hijos. Sin embargo, los padres suelen ser más severos a la hora de ejercer la violencia. Además, en nuestro país se ha encontrado diferencias en el maltrato en diversas zonas geográficas, siendo que en las áreas rurales los niños, niñas y adolescentes, tienen mayor probabilidad de experimentar violencia constantemente en general, mientras que en las zonas urbanas esta solo se vincula al no cumplimiento de los deberes escolares (UNICEF, 2019).

Como se mencionó anteriormente, el agravio hacia los menores puede ser tanto a nivel físico como psicológico, teniendo ambos consecuencias negativas para el receptor. En cuanto a la incidencia del maltrato físico en el Perú, se encontró que el 60% de niños, niñas y/o adolescentes los han sufrido en su hogar alguna vez. Estos ataques constituyen un 61% de las veces un jalón de pelo o orejas, un 21% cachetadas, nalgadas, mordiscos, puñetes, golpes con correa, sogas o palo y un 2% quemaduras, ataques con cuchillos u otras armas. (UNICEF, 2020). Sobre la violencia psicológica en el hogar, las estadísticas muestran que más del 70% de los menores la ha experimentado. Además, en nuestro país, según el departamento de Salud y Servicios Humanos en Washington “Children’s Bureu”, se han encontrado cifras que sugieren que hasta el 50% del maltrato infantil ocurre antes de los seis años de edad (como se citó en Burela et al., 2014).

Algunos autores explican que la justificación y legitimación del maltrato dentro de una sociedad se origina en los modelos de conducta ofrecidos por los primeros cuidadores y los refuerzos a ciertos comportamientos que incentivan el aprendizaje de conductas violentas por parte de los hijos. En otras palabras, las conductas que son aprendidas dentro de la familia como “normales” y tienen mayor posibilidad de repetirse con las siguientes generaciones. De acuerdo a esta explicación, se podría entender por qué los niños que se crían en un ambiente familiar donde los comportamientos de violencia llegan a ser utilizados para corregir comportamientos o solucionar conflictos son más proclives a replicarlos en situaciones similares en un futuro (Martínez, et al. 2014). Asimismo, la aceptación de estas conductas también llega a producirse en aquellos casos en los cuales los padres instan a sus hijos a perpetrar actos de violencia contra sus pares a partir del argumento de legítima defensa. A partir de ello, los niños llegan a identificar la violencia como un método para resolver conflictos (Martínez, et al. 2014).

Desde la perspectiva de los adultos, sean perpetradores, protectores o testigos, la violencia contra niños y niñas se vuelve invisible o inocua. Es decir, no la consideran negativa, o sí la consideran en cierto grado negativa pero la han normalizado como parte de la crianza de niños. No obstante, el maltrato infantil, tiene consecuencias tanto a corto, mediano y largo plazo, es decir que no solo llegan a afectar considerablemente el desarrollo del niño, sino también acompañarlo hasta la vida adulta. 

Por una parte, a corto y mediano plazo, se puede detectar, a nivel conductual, la presencia de reacciones relacionadas al incremento de ansiedad como lo son un estado de hipervigilancia, trastorno de ansiedad por estrés postraumático, trastornos del sueño y conductas agresivas o antisociales. Se observa que de forma emocional los niños suelen desarrollar una baja autoestima, pues los padres no cumplen con el rol de fomentar un entorno de aceptación y seguridad, sino por el contrario de represión y temor. Además, de la falta de un estima propia los niños podrían desarrollar limitaciones para experimentar placer o aplanamiento emocional, dificultades en el establecimiento de vínculos afectivos, inseguridad, e inclusive depresión. A nivel cognitivo podrían aparecer dificultades en el aprendizaje, problemas de memoria y dificultad para la concentración; lo que puede resultar en un bajo rendimiento académico (Barcelata y Alvarez, 2005). Por último, a nivel físico, el maltrato infantil está asociado con mayor riesgo de enfermedades respiratorias y traumatismo encefalocraneano (Santana y Egry, 2020).

Por otra parte, a largo plazo estas cifras se traducen en un gran número de personas que podrían vivir con secuelas psicológicas y físicas como resultado de la violencia afrontada durante la niñez y, además, que podrían generar trastornos en el neurodesarrollo y problemas de salud mental. Asimismo, parece existir una relación entre haber sufrido violencia en la infancia y la aparición de problemas como depresión y abuso de sustancias psicoactivas, comportamiento criminal y antisocial y violencia doméstica durante la adultez (Burela, et al., 2014).


Teniendo en cuenta todo lo anterior, tomar acciones sobre el maltrato en el hogar resulta indispensable en el contexto del confinamiento por COVID-19, ya que “el cierre de las escuelas y las restricciones de movilización, han dejado a demasiados niños a merced de quienes les maltratan, sin el espacio seguro que la escuela ofrecería normalmente” (UNICEF, 2020). Diversas estadísticas recolectadas por UNICEF (2020), advierten que las condiciones de encierro parecen haber agravado la situación, ya que los datos indican que en general hay un aumento de las consultas y de los casos que luego se confirman por violencia contra los niños.

En torno a las acciones para la prevención del maltrato infantil, estas se basan en la adopción de medidas sistemáticas para hacer frente a los factores de riesgo y proporcionar protección en cuatro niveles de riesgo interconectados: individual, relacional, comunitario y social (UNICEF, 2020). 

1. A nivel individual, se le debe brindar acompañamiento terapéutico a los niños, niñas y adolescentes en contextos de emergencia sanitaria, sea a través de la escuela, entidades del estado o privadas. Como plantea el Observatorio Nacional de Violencia contra las Mujeres y los Integrantes del Grupo Familiar (2020), es indispesable garantizar el ejercicio del derecho a la participación y a la opinión de las niñas, niños y adolescentes en todos los espacios en los que se desenvuelve, sean las instituciones educativas, familia y comunidad, para ayudarlos a encontrar maneras positivas de expresar sus sentimientos, como el temor y la tristeza. Estas entidades deben estar preparadas sobre los procedimientos que deben seguir para denunciar y pedir ayuda en caso de maltrato hacia los menores. 

2. A nivel del sistema familiar, es fundamental invertir en desarrollar habilidades individuales de los padres y cuidadores, equipándolos con recursos e información necesaria, mediante la psicoeducación, sobre prácticas responsables de cuidado que favorezcan el bienestar emocional de las familias. El Ministerio de Salud peruano ha propuesto un Plan de Salud Mental en el contexto de COVID-19. En este, plantean como una de las actividades operativas el Fomento de la Parentalidad Positiva, que se refiere a acciones de desarrollo de capacidad y recursos en los cuidadores adultos, que contribuyan a mejorar el crecimiento integral de sus hijos e hijas mediante el uso del modelado parental positivo. Este acercamientos incluye: afecto, comunicación asertiva, confianza, respeto, límites y normas sin violencia, con el fin de promover las relaciones familiares saludables (Ministerio de Salud, 2020).

Un ejemplo de algunas de las técnicas que pueden desarrollarse para evitar que los cuidadores utilicen la violencias, como se ha propuesto en Colombia, son: “identificar pensamientos recurrentes asociados a situaciones de alto estrés, comprender el funcionamiento cerebral y cómo éste reacciona bajo condiciones  tensas, reconocer señales de desregulación, incorporar técnicas de autorregulación, desarrollar mayor conciencia respecto de las experiencias internas, disminuir el estrés familiar y finalmente favorecer la integración de las experiencias (pensamiento – emoción – acción)” (Diario Futrono, 2020).

3. A nivel comunitario y social, es importante el uso de campañas de prevención y promoción para concientizar a toda la población sobre las repercusiones, y a la vez brindar medios para denunciar y apoyar a los menores transgredidos (UNICEF, 2019).  Un ejemplo de estos esfuerzos por el gobierno peruano, es el servicio brindado por el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables “Línea 100”, que está especializado en brindar información, orientación, consejería y soporte emocional a las personas afectadas o involucradas en hechos de violencia familiar o sexual y a quienes conozcan sobre algún caso de maltrato en su entorno mediante atención telefónica a nivel nacional. Luego de este apoyo inicial, los derivan a los Centros de Emergencia Mujer  (CEM) u otras Instituciones que atienden la problemática.

En conclusión, el uso de violencia en la crianza de los niños genera una gran diversidad de secuelas físicas y psicológicas. A pesar de ello, existen pocas medidas en torno a su prevención, lo que conlleva a que exista la posibilidad de perpetuar su expresión por generaciones. En una situación como la que nos encontramos resulta urgente intensificar los esfuerzos para proteger a los niños, no sólo brindando soporte para los menores, sino también educando a los cuidadores en prácticas adecuadas para la crianza. Todo esto con el fin de crear una sociedad que vele por la protección y el desarrollo integral de los niños y las niñas, y que estos puedan crecer en entornos donde se fomente el respeto y seguridad.

Referencias:

Barcelata, B. y Alvarez, I. (2005). Patrones de interacción familiar de madres y padres generadores de violencia y maltrato infantil. Acta Colombiana de Psicología, 8(1), 35-46. http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0123-91552005000100003

Burela, A., Piazza, M., Alvarado, G., Gushiken, A., y Fiestas, F. (2014). Aceptabilidad del castigos físico en la crianza de los niños en personas que fueron víctimas de violencia física en la niñez en Perú. Revista Peruana de Medicina Experimental y Salud Pública. http://www.scielo.org.pe/pdf/rins/v31n4/a08v31n4.pdf

CEPAL (2009). Maltrato infantil: una dolorosa realidad puertas adentro: Boletín de la infancia y adolescencia sobre el avance de los objetivos de desarrollo del Milenio. Desafíos. https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/35986/1/Boletin-Desafios9-CEPAL-UNICEF_es.pdf

Diario Futrono (2020). Entregan de manera gratuita Metodología para prevenir violencia infantil durante cuarentena. Diario Sur. https://www.diariofutrono.cl/noticia/emprendimientos-y-negocios/2020/05/entregan-de-manera-gratuita-metodologia-para-prevenir-violencia-infantil-durante-cuarentena

Instituto Nacional de Estadística e Informática (2015) Encuesta Nacional sobre Relaciones Sociales – ENARES 2013 y 2015. https://www.inei.gob.pe/media/MenuRecursivo/publicaciones_digitales/Est/Lib1390/libro.pdf

Martinez, M., Robles, C., Utria, L., y Amar, J. (2014). Legitimación de la violencia en la infancia: un abordaje desde el enfoque ecológico de Bronfenbrenner. Psicología desde el Caribe, 133-160.

Ministerio de Salud (2020). Plan de Salud Mental (En el contexto COVID-19 – Perú, 2020-2021). https://cdn.www.gob.pe/uploads/document/file/804253/RM_363-2020-MINSA.PDF

Observatorio Nacional de la Violencia contra las Mujeres y los Integrantes del Grupo Familiar (2020). Medidas para proteger a la niñez y adolescencia en la pandemia COVID-19. Ministerios de la Mujer y Poblaciones Vulnerables. https://observatorioviolencia.pe/defensoria-pueblo-medidas-pandemia/

Santana, D. M., y Egry, E. (2020). Creencias, causas y consecuencias del maltrato infantil: una profundización del fenómeno desde una perspectiva histórica y cultural. Revista Horizonte de Enfermería, 25(1), 61-73.

Stanford Children’s Health (2020). Violencia Familiar. Stanford Medicine. https://www.stanfordchildrens.org/es/topic/default?id=domestic-violence-85-P04668

UNICEF (2019). Cifras Violencia Niñas Niños Adolescentes Perú 2019. https://www.unicef.org/peru/sites/unicef.org.peru/files/2019-09/cifras-violencia-ninas-ninos-adolescentes-peru-2019.pdf
UNICEF (2020). Organismos advierten de que los países no han logrado prevenir la violencia contra los niños. https://www.unicef.org/peru/nota-de-prensa/organismos-advierten-paises-no-han-logrado-prevenir-violencia-ninez-maltrato-mundo-covid19

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