¿Qué es el apego y cómo influye en nuestras vidas?

Escrito por Karen Eche y Claudia Balabarca, voluntarias de dando+

Las personas, como seres sociales que somos, tenemos la tendencia a establecer relaciones con otros y muchas de estas conexiones se convierten en vínculos significativos. Esta formación de lazos afectivos que los seres humanos generamos a lo largo de nuestras vidas responden a un patrón y formas de interacción que están influenciados por el apego formado en la primera etapa de la vida, es decir, la infancia. El presente artículo abordará, en primer lugar, la concepción que se tiene del apego. Posteriormente, se abordarán los diferentes estilos de apego. Por último, se brindarán alcances acerca del impacto de los diferentes tipos de apego en la vida adulta de las personas. 

Bowlby (1986) define el apego como una tendencia que tenemos los seres humanos a establecer vínculos afectivos sólidos con determinadas personas a través de la vida. Según el autor, este comportamiento permite que el sujeto pueda establecer una proximidad con otra persona, quien tiene la característica principal de ser considerada como fuerte y/o sabia, a la cual se le llama figura de apego (citado en Garrido, 2006). Es así que las primeras interacciones que tenga el niño con sus figuras de apego, quienes generalmente son los padres, contribuyen a formar en él expectativas respecto a sí mismo y los demás (Bowlby, 1980, citado en Garrido, 2006). Además, la experiencia que tenga el niño con sus figuras de apego es fundamental para la posterior capacidad que tendrá para establecer vínculos afectivos con otras personas (Garrido, 2006). En ese sentido, la teoría del apego enfatiza la importancia de lograr establecer relaciones cercanas adecuadas con personas importantes en nuestras vidas para así lograr un desarrollo socioemocional adecuado (Bowlby, 1964). 

Los adultos tenemos distintas formas de interactuar con las demás personas, por ello se plantean tres estilos de apego:

  • Estilo de apego seguro: Son personas capaces de reconocer sus estados de necesidad, pudiendo recurrir en búsqueda de apoyo (Grimalt y Heresi, 2012), es decir, poseen la capacidad de identificar en ellos mismos necesidades, ya sea de tipo emocional, físico, social y establecen estrategias asertivas para poder satisfacerlas. Este grupo experimentará malestar y disgusto ante la separación de personas importantes en sus vidas, pero poseen capacidades para regular y encontrar consuelo de forma autónoma. Son adultos que se sienten seguros en las relaciones interpersonales, además son capaces de identificar quién y qué le hace daño para alejarse y quién le genera bienestar para acercarse. Esa seguridad les permite dedicarse a aprender y explorar, en lugar de tener que dedicarse a buscar ser queridas para poder contar con seguridad.
  • Estilo de apego ansioso evitativo: Son personas que responden a las situaciones estresantes suprimiendo la expresión de emociones, principalmente las de ansiedad e ira. Ellos buscan protegerse para no sufrir ante la falta de disponibilidad empática y evitar ser rechazado por la otra persona significativa (Cortina y Marrone, 2017).  Esto se debe a que durante su niñez han aprendido que expresar sus emociones les genera una debilidad frente a otras personas. Este grupo tiene una percepción negativa de los otros y de sí mismos; por lo tanto, presentan poca disponibilidad al cuidado y protección, ya que tienen una visión de sí mismos como alguien que no merece ser cuidado (Grimalt y Heresi, 2012).
  • Estilo de apego ansioso ambivalente: Son personas que sienten una angustia exacerbada frente a la separación de la otra persona significativa; sin embargo, ante la presencia de esta, se muestran enfadados y ansiosos. Es decir, son adultos en los que se presenta una actitud ambivalente, ya que queriendo estar con sus personas queridas, en momentos experimentan que estas los molestan, pudiendo sentir una rabia muy fuerte.

Todas las personas establecemos relaciones importantes a lo largo de nuestras vidas y, como ha sido mencionado anteriormente, la forma en la que nos relacionamos con los demás está basada en la experiencia que tuvimos de infantes (Baron et al., 2002). En ese sentido, cada estilo de apego tiene correspondencia con una forma particular de interacción con parejas románticas (Collins y Feeney, 2000).

Para empezar, las personas con apego seguro suelen tener más confianza en sí mismos y en los demás, más emociones positivas y usualmente controlan sus emociones negativas de manera constructiva, buscando el apoyo o consuelo de su pareja en situaciones estresantes (Pietromonaco, Greenwood y Barrett, 2004). Asimismo, estas personas valoran más la intimidad en la pareja y son más responsivos a ellas; así como tienen mejor comunicación y les proporcionan mayor apoyo (Baron et al., 2002; Kirkpatrick y Hazan, 1994). Es así que las personas con apego seguro suelen describir sus relaciones como más felices, amistosas, de confianza y duraderas (Hazan y Shaver , 1987). 

En contraste, las personas con apego ansioso evitativo suelen ser más distantes y tienen menos expresión emocional, rechazan la intimidad y desvalorizan las relaciones afectivas (Baron et al., 2002). Estas personas temen a la cercanía (Hazan y Shaver, 1987), por lo cual tienen dificultades para disfrutar de una relación confiada y satisfactoria (Baron et al., 2002). Ellos son más propensos a decir que nunca se han enamorado, que no se comprometen y que tienen bajas expectativas en el amor (Feeney y Noller, 2001). Es por esta serie de características que las parejas de personas con apego evitativo las perciben como menos capaces de brindar apoyo, a tener menos intimidad, compromiso y ser poco amorosos (Butzer y Campbell, 2008).

Finalmente, las personas con apego ansioso ambivalente son más propensas a experimentar celos, miedo al abandono, dependencia emocional y preocupación obsesiva por el otro (Hazan y Shaver, 1987; Feeney y Noller, 2001). Estas personas se preocupan constantemente por su relación y tienen una evaluación negativa de sí mismas, por lo que están buscando ser validadas por los demás (Bartholomew, 1990). Ellos buscan una relación con intimidad absoluta, pero suelen encontrar que los demás no quieren tanta cercanía como ellos; por ello,  disfrutan menos sus relaciones de pareja (Retana y Sánchez, 2008). 

En este artículo se ha buscado plasmar, de modo sintético y abreviado, la importancia del establecimiento de vínculos sanos en la infancia. Ello no solo como respuesta a necesidades afectivas presentes en ese momento, sino tomando en cuenta el impacto que tiene en el futuro de las relaciones de las personas. Además se puede evidenciar como algunas dificultades en las relaciones adultas están muy influenciadas por algunos conflictos de la infancia, de esta manera se promueve una visión más comprensiva de los problemas relacionales en las personas.

Referencias bibliográficas

Bartholomew, K., (1990). Avoidance of Intimacy: A Perspective. Journal of Social and Personal Relationships, 7, 147-178.

Barroso, O. (2014). El apego adulto: La relación de los estilos de apego desarrollados en la infancia en la elección y las dinámicas de pareja. Revista Digital de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, 4(1), 1 – 25 

Butzer, B., y Campbell, L. (2008). Adult attachment, sexual satisfaction, and relationship satisfaction: A study of married couples. Personal Relationships, 15, 141-154. https://doi.org/10.1111/j.1475-6811.2007.00189.x

Collins, N. L., y Feeney, B. C. (2000). A safe haven: An attachment theory perspective on support seeking and caregiving in intimate relationships. Journal of Personality and Social Psychology, 78, 1053-1073. https://doi.org/10.1037%2F0022-3514.78.6.1053

Cortina, M. y Marrone, M. (2017). Apego y psicoterapia. Un paradigma revolucionario. Editorial Psimática, Madrid. 1 – 593

Feeney, J., y Noller, P. (2001). Apego adulto. Desclée De Brouwer.

Grimalt, L., y Heresi, E. (2012). Estilos de apego y representaciones maternas durante el embarazo. Revista Chilena de Pediatría, 83(3), 239 -246. https://scielo.conicyt.cl/pdf/rcp/v83n3/art05.pdf

Hazan, C., y Shaver, P. (1987). Romantic love conceptualized as an attachment process. Journal of Personality and Social Psychology, 52, 511-524. https://doi.org/10.1037/0022-3514.52.3.511

Kirkpatrick, L., A. y Hazan, C. (1994). Attachment styles and close relationships: A four-year prospective study. Personal Relationships, 1, 123-142. https://doi.org/10.1111/j.1475-6811.1994.tb00058.x

Moneta, M. E. (2014). Apego y pérdida: redescubriendo a John Bowlby. Revista Chilena de Pediatría, 85(3), 265-268. https://doi.org/10.4067/S0370-41062014000300001

Garrido, L. (2006). Apego, emoción y regulación emocional: Implicaciones para la salud. Revista Latinoamericana de Psicología, 38(3), 493- 507. https://www.redalyc.org/pdf/805/80538304.pdf

Retana, B. E., y Sánchez, R. (2008). El papel de los estilos de apego y los celos en la asociación con el amor adictivo. Psicología Iberoamericana, 16(1), 15-22. https://www.redalyc.org/pdf/1339/133915922003.pdf

Pietromonaco, P. R., Greenwood, D., y Barrett, L. F. (2004). Conflict in adult close relationships: An attachment perspective.  Guilford Press http://people.umass.edu/~monaco/Pietromonacoetal_attachmentandconflict.pdf

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