Dandera por coincidencia

Artículo escrito por Flavia Domínguez, directora de Psicoeducación, voluntaria desde el 2018.

Si me preguntaban hace unos años si me veía en un voluntariado o siendo voluntaria, jamás hubiera respondido que sí. Nunca pasó por mi cabeza esa opción. Hace 4 años cuando estaba paseando por el pabellón F de mi universidad, divisé a lo lejos varios stands, un montón de personas alrededor y un cartel que decía: “Feria de voluntariado”. Como estaba en hora libre, me acerqué solo a ver. Fui con la intención de matar el tiempo y terminé inscribiéndome en el voluntariado que, 4 años después, me ha enseñado más de la vida y humanidad que ninguna otra experiencia. 

Desde abril del 2018 puedo decir que empecé el camino a descubrir mi verdadera vocación. dando+ me ha enseñado que cada acción importa, que nuestro centro es la persona y que podemos usar nuestro compromiso y vocación para seguir dando más al país. Lo que pude aprender en los diversos proyectos que he sido parte es que el ser voluntario te permite: 

  • Crear lazos con tu comunidad y formar una red de apoyo. 
  • Mejorar tu salud física y mental. 
  • Aprender sobre la sociedad que te rodea. 
  • Mejorar tu autoestima y generosidad. 
  • Te enseña a ser una buena persona y un agente de cambio. 

Ser voluntario, para mí, es un acto de bondad hacia los que te rodean. Esto último no lo sabía hasta que empecé en el proyecto del hogar “Frieda Heller”, donde cada vez que llegaba a los talleres siempre había un grupo de señoras que se animaban al verme y me decían: “Señorita, la estábamos esperando” y comenzábamos a hablar sobre su semana o sobre cómo era su vida antes de ir a ese hogar. Escucharlas reír y decir “ay señorita, por qué no viene más seguido” me hacía replantearme si era voluntaria por mí o por ellas. Entonces, al darme cuenta que mi motivación estaba en ellas, me di cuenta que era un acto de bondad, generosidad y amor hacia el prójimo. 

Ser dandera por coincidencia me dio la oportunidad de ver la humanidad con otros ojos, de conocer otras realidades que eran lejanas a mi, de aprender a trabajar en equipo por el bien del otro, no de uno mismo. Aprendí que no es necesario esperar a que nadie te pida ayuda o una palabra de aliento, tú puedes hacer el cambio. No necesitas irte al otro lado del mundo para poder ayudar a otra persona, puedes empezar aportando un grano de arena en tu entorno. Y sobre todo, puedes ayudar tanto al brindar amor, ya que es la base fundamental para todo, con amor todo sale adelante y se da de la mejor manera. 

Antes de terminar este artículo, me gustaría compartir con ustedes que ser voluntario es una forma de ser, de estar en el mundo, de vivir. Nosotros aprendemos a ser conscientes de uno mismo y de que somos capaces de ayudar a quien lo necesite. Recordemos que no estamos solos en el mundo, que en todo momento sucede algo extraordinario y que tenemos la oportunidad de vivir aquí, ahora y así. 

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